Espresso corto.
Debo decir que el gusto o apreciación por la música del cuarteto de Liverpool llego tarde a mi vida. Cuando era un rapaz de quinto de primaria mis gustos oscilaban entre Tigres del norte y los Hanson, mientras mi amigo David ya coreaba esa tonadita de “looov, looov mi du”, y ya ni hablar de lo que escuchaba en secundaria. Cuando entre a medio superior y me compre mi primera guitarra, yo rasgueaba rolas de Arjona mientras Edgar Moncada y Miguel Guadarrama rasgueaban un “all you need is love”. Conocí formalmente a John, Paul, George y Ringo, gracias a ellos. Justo en estos momentos puedo decir que mi grupo favorito es The Beatles. Y parte de la música de “tiempos violentos” esta influenciada por mi gusto a los bicles.
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“El programa institucional de gestión con perspectiva de genero convoca al: concurso musisensibilizate por la no violencia”. Ese era el encabezado de aquel cartel que llamo mi atención aquella mañana de viernes 30 de octubre. En resumen se trataba de un concurso para el cual se tenia que hacer una rola que hablara de la no violencia, sin tintes políticos ni religiosos, cualquier genero, no mas de 5 minutos, en dos categorías: solista y grupal. Cualquier otra cosa que se mencionara no me hubiera tentado a participar excepto por los seis mil pesos al primer lugar. Entonces estaba decidido. Le entraría con todo, el problema era la fecha límite de entrega del disco con tu canción: 6 de noviembre. Una semana para hacer no cualquier canción, si no la canción que me diera ese primer lugar.
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Día de muertos. Podría decir que son las fechas que mas me gustan del año (31 octubre, 1 y 2 de noviembre), a no ser por el detalle de que un día de muertos mi hermano se accidento a lo gore. Sin embargo ahí estaba, con mi media sonrisa viendo todo ese jolgorio alrededor del misticismo del día de todos los santos: el olor a incienso, el Cempasúchil, tamales, ofrendas. Caminando con la texana hacia algún lugar cómodo para plasmar en papel aquella primera idea que tenia sobre la canción, llegue a un café pequeño donde una rockera de 16 años atendía.
-¿Qué le sirvo?
- Un espresso corto, por favor y mascabado. Pero no puedo verme tan señor, háblame de tu.
-Enseguida te lo traigo.
Desenfunde la guitarra y empecé aquel ritmo blusero que había traído entre dedos meses atrás, mismo al que le sume un “quien nos dijo que las cosas deberían ser así. / Tanta actualidad nos ha caído mal…”. Y justo cuando me empezaba a gustar la mesera, llego un tipo a besarle el cuello y tocarle una nalga. “…Y como empezar a hablar de un tema tan trivial…”, Harrison hubiera empezado de manera diferente la canción.


